Leitat ha inaugurado un laboratorio dedicado al reciclaje de baterías mediante un proceso seco. Su sistema permite recuperar materiales críticos como litio cobalto y níquel sin necesidad de altas temperaturas ni disolventes agresivos.
Cuando las baterías se trituran los componentes ferrosos como el acero del casquillo pueden ser aislados mediante un imán potente. Este paso permite extraer el metal ferroso antes de que los materiales restantes sean sometidos a tratamientos químicos o térmicos para recuperar los metales valiosos. La separación magnética es rápida de bajo coste y no altera la composición química de los demás componentes. Esta técnica la convierte en una etapa previa esencial en muchos procesos de reciclaje directo
El nuevo laboratorio dispone de equipos de triturado criba y separación magnética. Operan en línea facilitando un flujo continuo de material desde la entrada de baterías usadas hasta la obtención de polvos concentrados de litio cobalto y níquel. Cada unidad contribuye a la pureza final del producto yse controlan parámetros como el tamaño de partícula y la intensidad del campo magnético
El reciclaje de baterias en España
El viaje invisible de una batería usada
En España, el reciclaje de baterías forma parte de un sistema regulado que combina responsabilidad ambiental, innovación tecnológica y obligaciones legales. El sistema de reciclaje aplica desde las pequeñas pilas domésticas hasta las complejas baterías de vehículos eléctricos. El proceso comienza en el momento en que el ciudadano deposita una batería usada en un contenedor específico o en un punto limpio municipal. Este gesto cotidiano activa una cadena logística cuidadosamente organizada.
Las baterías recogidas son gestionadas por sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor. Estas organizaciones coordinan la recogida, el transporte y el tratamiento. Estas entidades trabajan en cumplimiento del marco normativo establecido por la Unión Europea y la legislación española, especialmente el Real Decreto sobre pilas y acumuladores.
Una vez recogidas, las baterías se trasladan a plantas especializadas donde se clasifican según su tipología: alcalinas, de níquel-cadmio, de plomo-ácido o de ion-litio. Esta clasificación es crucial, ya que cada tipo requiere un tratamiento diferente. Por ejemplo, las baterías de litio presentan mayores desafíos técnicos debido a su densidad energética y riesgos asociados. Sin embargo, el reciclaje ha evolucionado mucho en este tipo de baterias porque cada vez son más comunes en dispositivos electrónicos y vehículos eléctricos.
El primer tratamiento
El siguiente paso es el tratamiento físico y químico. Este paso es similar al reciclaje de los paneles fotovoltaicos. En términos generales, las baterías se trituran en entornos controlados para evitar emisiones contaminantes. Posteriormente, mediante procesos como la separación magnética o la hidrometalurgia, se recuperan materiales valiosos como el litio, el cobalto, el níquel o el plomo. Estos materiales pueden reincorporarse a la cadena productiva, reduciendo la necesidad de extracción minera.
De residuo peligros a recurso estrategico
El reciclaje de baterías no es únicamente una cuestión de gestión de residuos, sino un elemento clave dentro del paradigma de la economía circular. En un contexto donde aumenta la demanda de baterías especialmente para vehículos eléctricos, recuperar materiales críticos se ha convertido en una prioridad estratégica para Europa.
España, alineada con las directrices comunitarias, busca aumentar las tasas de recogida y reciclaje. Según los objetivos europeos, se exige recuperar un porcentaje significativo de los materiales contenidos en las baterías, lo que obliga a mejorar continuamente las tecnologías de tratamiento. En este sentido, centros de investigación y empresas privadas están desarrollando métodos más eficientes y menos contaminantes.
Además, el reciclaje evita impactos ambientales graves. Las baterías contienen metales pesados y sustancias tóxicas que, si no se gestionan correctamente, pueden contaminar suelos y aguas. Por ello, su tratamiento está considerado de alta prioridad ambiental. La legislación también prohíbe su eliminación en vertederos convencionales, reforzando la necesidad de circuitos específicos de recogida.
En el plano económico, el reciclaje de baterías genera empleo especializado y fomenta una industria emergente vinculada a la sostenibilidad. La recuperación de materiales reduce la dependencia de importaciones de recursos estratégicos, como el cobalto, cuya extracción se concentra en pocos países.




