Las formas de producir energía cambiaron mucho en los últimos años. El biometano es una de las apuestas más prometedoras para hacer realidad combustibles propios que no dependan de importaciones. En España, ese concepto ya ha echado a andar usando residuos generados en el campo y en la industria. El atractivo central está en que el proceso se puede realizar con tecnología ya existente. Por lo tanto, no requiere cambiar lo que hay. Las redes de gas actuales sí pueden transportarlo y las calderas de uso doméstico funcionan sin adaptación.
En Huelva, hay la primera planta de biometano fabricado con residuos industriales en Andalucía. Es una realidad que demuestra el potencial actual. La instalación produce suficiente combustible para abastecer sobre 9.000 hogares en calefacción y agua caliente. Así, el ejemplo onubense se convierte en referente para que otras regiones repliquen el esquema.
El elemento clave es que, por un lado, reduce el volumen de residuos orgánicos que iría a vertedero o se quemaría. Por otro lado, genera una energía limpia y renovable que sigue las mismas especificaciones del gas natural convencional. Además, al fabricarse con residuos de proximidad, se cierra el modelo de economia circular, que minimiza emisiones en transporte y manejo.
Plantas de upgrading
Un componente técnico que merece atención son las plantas de Upgrading. En estas instalaciones industriales se lleva a cabo la separación de CO₂ y otros gases indeseables del biogás bruto. Este paso es esencial para elevar la calidad del material hasta los niveles exigidos por ley. Suele usarse tecnología de adsorción por cambios de presión (PSA, por sus siglas en inglés), membranas selectivas o eliminadores moleculares. Cada método tiene sus ventajas. Por ejemplo: PSA es robusto, está validado, y responde bien ante cargas variables de combustible. Por otro lado, las membranas requieren menos mantenimiento que PSA. Estas plantas de upgrading permiten obtener biometano casi puro. Este biocombustible tiene un poder calorífico equivalente al del gas natural. Además, es apto para inyectarse en la red y utilizarlo tal cual.
En conjunto, es un cambio de paradigma. Ya no sólo se piensa en producir y consumir, sino también en revalorizar. Lo que antes era desecho, ahora genera empleo local e impulsa cierta autonomía energética. Ese es el plan que avanza en España y en particular en el campo. Estamos ante una fuente de energía inagotable y con tecnología madura que está lista para funcionar en gran escala.




