El principal obstáculo técnico para la reutilización de gasoductos es la fragilización por hidrógeno (Hydrogen Embrittlement). A nivel atómico, el hidrógeno molecular (H2) se disocia en la superficie del metal y los átomos de hidrógeno penetran en la red cristalina del acero. Una vez dentro, se acumulan en imperfecciones o bordes de grano, generando presiones internas que reducen drásticamente la ductilidad y la tenacidad del material. Esto puede provocar la propagación de microfisuras bajo tensiones.  

Desde la perspectiva de la dinámica de fluidos, la mezcla de H2 y CH4 altera las propiedades termofísicas del flujo. La viscosidad del hidrógeno es menor, pero su capacidad calorífica es superior. Para calcular el comportamiento de estas mezclas, se emplean ecuaciones de estado avanzadas como la GERG-2008, que permite predecir el factor de compresibilidad con alta precisión.

Finalmente, las aplicaciones actuales se centran en el desarrollo de membranas de separación selectiva (como las de paladio o tamices moleculares de carbono) en los puntos de entrega. Estas tecnologías permiten extraer hidrógeno de alta pureza de una corriente mixta, permitiendo que la red funcione como un transportador universal. Esta solución sirve tanto a clientes que requieren gas de síntesis como a aquellos que necesitan hidrógeno grado celda de combustible para movilidad pesada.

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