Andalucía ha consolidado su posición estratégica en el mapa de la transición ecológica al registrar un avance histórico en su infraestructura limpia durante la primera mitad del año. La comunidad autónoma cerró el período semestral aproximándose a la cifra de los veinte mil megavatios de potencia renovable en servicio, un volumen que equivale prácticamente a las tres cuartas partes de toda la capacidad de generación eléctrica instalada en la región. Este relevante impulso cuantitativo consolida el liderazgo del territorio andaluz en el despliegue de tecnologías sostenibles dentro del ámbito nacional.

El sustancial incremento experimentado durante estos seis meses ha sido posible gracias a la incorporación de más de dos mil cien megavatios adicionales a la red eléctrica. La puesta en marcha de estas modernas infraestructuras ha canalizado un importante volumen de capital en la economía local, superando los dos mil cien millones de euros en inversión directa. Paralelamente, la fase de ejecución y montaje de los proyectos ha impulsado la creación de más de seis mil quinientos puestos de trabajo, lo que evidencia el papel dinamizador del sector verde sobre el mercado laboral.

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Dentro del abanico de fuentes limpias, la tecnología fotovoltaica ha emergido como el auténtico motor del cambio en el modelo productivo andaluz. La instalación de casi cuarenta nuevos parques solares de gran escala ha permitido rozar los catorce mil megavatios operativos, representando más del setenta por ciento del total de la energía limpia disponible. De forma complementaria, las soluciones de autoconsumo integradas en viviendas, comercios e industrias han experimentado una notable expansión, sobrepasando las doscientas doce mil instalaciones activas en todo el territorio.

La estructura del parque renovable se complementa con la presencia de la energía eólica, que ocupa la segunda posición con más de tres mil setecientos megavatios en funcionamiento. El resto de la capacidad limpia proviene de los aprovechamientos hidráulicos, las plantas de biomasa y biogás, así como de incipientes proyectos de energía oceanotérmica. Asimismo, la red andaluza cuenta con sistemas de almacenamiento energético clave para aportar flexibilidad y estabilidad al suministro, mientras que la única central térmica de carbón radicada en la provincia de Cádiz permanece inactiva, completando así un claro proceso de descarbonización.