¿Es posible concebir una metrópoli donde el transporte sea el motor de la descarbonización en lugar de su principal obstáculo? La transformación de las arterias viales en corredores de cero emisiones no es solo una meta ambiental, sino un desafío de ingeniería que requiere una integración perfecta entre la red eléctrica, la infraestructura de carga inteligente y la planificación urbanística avanzada.

CRETA: infraestructura movilidad eléctrica en ciudades sostenibles

El Proyecto CRETA desarrollado por Opus RSE demuestra que la M30 podría alcanzar un estado libre de emisiones. Esto se lograría controlando solamente al 2 % de los vehículos que circulan por esta vía, ya que son los responsables de generar el 40 % de las emisiones de monóxido de carbono y el 42 % de las partículas. La tecnología de teledetección instalada en la M30 permite identificar en tiempo real a estos vehículos que son grandes emisores. Este sistema posibilita llevar a cabo acciones específicas y focalizadas sin afectar al resto del tráfico.

Este avance adquiere una gran relevancia para las empresas del sector de la movilidad sostenible en España. Las compañías que desarrollan tecnologías o servicios de transporte limpio ven aquí una oportunidad concreta. El proyecto valida que una intervención precisa sobre una pequeña fracción del parque móvil mejora drásticamente la calidad del aire urbano, lo que refuerza la necesidad de invertir en innovación y en soluciones eficaces.

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El proyecto creta

El Proyecto CRETA (“Control de la Movilidad y Reducción de las Emisiones del Tráfico”) es una iniciativa de varias empresas españolas. Su objetivo es usar tecnología avanzada y mejorar cómo se gestiona el tráfico y la contaminación del transporte por carretera.

El proyecto CRETA busca medir en tiempo real las emisiones reales de los vehículos que circulan (NOx, CO, partículas, etc.) y usar esos datos para gestionar mejor el tráfico y reducir la contaminación del aire. La lógica es sencilla: si se sabe qué vehículos contaminan más y en qué condiciones, se pueden aplicar medidas mucho más precisas y justas. Por ejemplo, restricciones o pagos variables según lo que contamina cada coche.

Opus RSE aporta al proyecto su tecnología de teledetección remota (Remote Sensing Device). Es capaz de medir las emisiones de los vehículos sin detenerlos, simplemente cuando pasan por delante del sensor. Estos equipos están conectados con redes 5G. Permiten medir 24/7 las emisiones de miles de vehículos. Así, identifican de forma empírica cuáles son los más contaminantes o los que podrían estar manipulados.

Los tres pilares del proyecto CRETA

El proyecto integra tres grandes bloques tecnológicos:​

· Conectividad 5G para enviar datos en tiempo real entre sensores, infraestructuras y centros de control.

· Sistemas de medición remota de emisiones del tráfico.

· Analítica avanzada e inteligencia artificial para interpretar los datos, optimizar el flujo de tráfico y diseñar sistemas de tarificación o gestión ambiental más eficientes.

SISTEMAS DE GESTIÓN Y RECARGA INTELIGENTE

El núcleo tecnológico de la movilidad sostenible reside en los sistemas de gestión de la carga conocidos como Smart Charging y la integración Vehicle-to-Grid (V2G). Desde un punto de vista técnico, estos sistemas operan mediante protocolos de comunicación avanzados (como el OCPP – Open Charge Point Protocol), que permiten equilibrar la carga de la red en tiempo real. Esto evita picos de demanda que podrían saturar los transformadores locales, distribuyendo la energía de manera eficiente según la disponibilidad de fuentes renovables en la red y el estado de carga de las baterías de los vehículos (Li-ion o LFP).

El proceso de conversión de energía en la infraestructura de carga implica rectificadores AC/DC de alta eficiencia que minimizan las pérdidas por calor. En el caso de la carga ultrarrápida (niveles de potencia superiores a 150 kW), se emplean semiconductores de carburo de silicio (SiC) o nitruro de galio (GaN), que permiten operar a frecuencias más altas y con mayores densidades térmicas que el silicio convencional. Esta tecnología es crucial para reducir los tiempos de espera y equiparar la experiencia de usuario a la de los combustibles fósiles, permitiendo que las flotas logísticas mantengan ciclos operativos continuos.

Actualmente, estas tecnologías se aplican en la creación de «hubs» de recarga ultrarrápida alimentados por plantas fotovoltaicas locales y sistemas de almacenamiento estacionario con baterías de segunda vida. Esta arquitectura no solo garantiza el suministro para la movilidad eléctrica, sino que también proporciona servicios auxiliares a la red, como la regulación de frecuencia y el aplanamiento de la curva de demanda. La integración de estos sistemas en el diseño de infraestructuras civiles es fundamental para la ingeniería de transporte moderna y la arquitectura bioclimática urbana.

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Necesidades en la infraestructura de movilidad eléctrica en ciudades sostenibles

La transición hacia entornos urbanos libres de emisiones necesita la electrificación masiva del transporte, tanto público como privado. Este proceso exige una reconfiguración de las infraestructuras críticas para soportar la demanda de energía sin comprometer la estabilidad del sistema eléctrico. La implementación de zonas de bajas emisiones y la apuesta por flotas de autobuses eléctricos representan los pilares sobre los cuales se construye la movilidad del siglo XXI.

La eliminación de los motores de combustión interna en las grandes arterias periféricas y radiales de las ciudades reduce drásticamente la concentración de dióxido de nitrógeno (NO2) y partículas en suspensión (PM10 y PM2.5), mejorando la salud pública. No obstante, el éxito de este modelo depende de la capilaridad de la red de recarga: desde puntos de carga ultrarrápida en nodos logísticos hasta sistemas de carga vinculada en aparcamientos residenciales. El objetivo final es la creación de un ecosistema urbano donde el vehículo eléctrico actúe como un nodo activo dentro de una red inteligente (Smart City), optimizando el flujo energético y reduciendo la huella de carbono global.