La transformación del panorama energético español en los últimos años ha sido profunda y desigual. Las renovables, especialmente la fotovoltaica y la eólica, han multiplicado su contribución a la generación eléctrica en gran parte del país, aunque no de manera uniforme. Mientras que en algunas regiones la solar desplazó a tecnologías tradicionales, en otras esa transición se ha estancado, dependiendo fuertemente de otras renovables como la eólica o la hidráulica.
El año 2023 marcó un hito: por primera vez, la fotovoltaica superó a la eólica como segunda tecnología más usada en el sistema eléctrico, solo por detrás de la nuclear. Esta tendencia es ya irreversible en varias comunidades autónomas, donde la solar se instala a un ritmo acelerado. La generalización de esta tecnología, junto con otras renovables, facilita la reducción de emisiones, aunque puede plantear retos para la estabilidad de la red si no se acompaña de sistemas de almacenamiento o de medidas de demanda flexible.
Al recorrer el mapa de comunidades, Castilla y León destaca como caso único. Se trata de la única región donde la energía procedente del ciclo combinado, superó en 2023 a las energías renovables. En particular, a la energía eólica o la nuclear, algo nunca visto desde 2009. Esta posición, sin embargo, no se replica en el resto del país. Esa diversidad refleja tanto la idiosincrasia energética como la disponibilidad de recursos naturales.
Vuelco energético en España
En el entorno hidráulico, Galicia o Asturias obtuvieron su récord histórico en 2023, con una alta dependencia de esta fuente. Sin embargo, la fotovoltaica ya hace siglo en Asturias y la eólica en Galicia, y ambas crecen año a año. En cambio, el País Vasco, junto con Ceuta y Melilla, siguen sin incorporar energía solar en su sistema eléctrico, en gran parte por limitaciones de espacio y recursos.
En el sur peninsular, la andaluza radiación y prácticamente permanente afianzó su condición de líder renovable, aunando eólica, solar fotovoltaica y térmica. El sistema andaluz apenas depende del ciclo combinado (solo el 5,2 % de su gennero), un porcentaje mínimo comparado con el resto. En cambio, en Murcia y en Castilla-La Mancha —regiones suntuarios por la abundancia de horas de sol— la fotovoltaica ya es la principal fuente de electricidad renovable.
Valencia y Baleares son ejemplos curiosos: Valencia ha diversificado bastante su mix, con presencia creciente de la solar, pero sin llegar a dominarla por completo. Baleares vuelve a apostar ahora por una generación más limpia, aunque todavía depende mayoritariamente de fuentes no renovables, aunque ya lejos de sus peores registros.
En Canarias y Ceuta y Melilla, la generación renovable avanza, pero bajo un matiz específico: predominan tecnologías puntuales y con limitaciones de espacio físico, a menudo termosolares o de eólica marina, sin conexión al continente. En el caso de Canarias, su producción total superó por primera vez los 5.000 GWh, registrando su cifra más alta.
Algunas comunidades, como Extremadura, han multiplicado su solar en menos de una década, alcanzando las 4.000 MW instaladas y superando ya a la eólica como tecnología dominante. En el resto, como La Rioja, Aragón o Cataluña, el mix renovable presenta una gran heterogeneidad, con eólica, solar y ciclos combinados ocupando posiciones centrales.
En este avance, las redes eléctricas de muchas regiones deben adaptarse para manejar mayores volúmenes de energía intermitente sin sacrificar estabilidad. Para ello se hacen cada vez más importantes sistemas y dispositivos de gestión de potencia reactiva, distribuidos en subsistemas de la red o en controles avanzados de inversores fotovoltaicos y eólicos. Estos dispositivos pueden proporcionar capacidades como soporte de voltaje, control de desequilibrio entre fases y limitación de corrientes de cortocircuito, mantener el factor de potencia a valores seleccionables, añadiendo resiliencia al sistema al mitigar los efectos de fluctuaciones de tensión en la red. La gestión de la potencia reactiva, especialmente en sistemas con inversores tecnologías variables, se vuelve fundamental para evitar pérdidas y asegurar la calidad de suministro en un entorno cada vez más renovable.
El mapa eléctrico español ha cambiado de manera notable en la última década. En varias comunidades, la eólica ya no es la líder absoluta y cede el paso a la fotovoltaica. En otras regiones, la eólica sigue dominando o comparte protagonismo con otras fuentes. Esa diversidad regional, comercio entre regiones y la implementación de sistemas de gestión de red son los pilares sobre los que se sostendrá la transición hacia una matriz energética más sostenible en el futuro inmediato.



